Enrique Barón: Federalismo y ciudadanía

De la mezcla de culturas

Toledo, el corazón de la Edad de oro de la presencia judía en España, tiene un paralelo místico con Jerusalén. Sede de la escuela de traductores de Toledo y de la Cábala, cuenta con dos de las sinagogas más antiguas de Europa, el Tránsito y Santa María la Blanca. Cuando iba dar clase a la Universidad de Castilla la Mancha, en Toledo, entraba habitualmente en la ciudad vieja por la mezquita del año mil del Cristo de la Luz, con una iglesia románica unida. La España de las tres culturas. No les hablo solo de memoria nostálgica. El desafío de vivir juntos los pueblos de las tres religiones del libro está muy presente, como podemos comprobarlo en los debates posteriores a los recientes acontecimientos dramáticos en Europa y Oriente Medio.

Imagen exterior del Cristo de la Luz. Toledo
Cristo de la Luz. Toledo. Spain

La tesis doctoral de Ortega y Gasset tenía como tema “Los terrores del año mil”. Escribió también un elegante prologo a uno de los más bellos libros de amor de la cultura islámica: “El collar de la paloma” de Ibn Hazam de Córdoba. Poeta que vivió entonces en el Califato y es considerado como un pionero de los estudios comparativos religiosos y lingüísticos, hebreo incluido. Una cita del prologo orteguiano abre mi novela “El error del milenio”: “La Edad Media europea es, en su realidad, inseparable de la civilización islámica, ya que consiste precisamente en la convivencia, positiva y negativa a la vez, sobre un área común impregnada por la cultura grecorromana”.

Escribí este libro cuando estaba preparando la versión inglesa de mi obra “Europa en el alba del milenio” (“Europe at the dawn of the millennium” Macmillan.London.1997) en vísperas del año 2000 con su amenaza de desaparición de los datos informáticos por el problema 2YK. El tema del libro era la llegada de los números árabes a Europa vía el Califato de Córdoba. Los protagonistas eran el monje francés Gerbert d’Aurillac (más tarde Papa Silvestre II) que, según la leyenda, los robó de la Córdoba de Abderramán III, su gran general Almanzor y el influyente judío Yasday ben Saprut. Por este camino llegaron también libros de medicina y filosofía. Esos números que traían los árabes de la India son los que han hecho posible el mundo 2.0, impensable con los números romanos. Hechos que no se comprenden bien en Europa o América, pero que forman parte de la larga y compleja relación entre nuestros países y civilizaciones.

Pero Ortega es más conocido por su “filosofía de la vida”. No hay yo sin las cosas y las cosas no son nada sin mí que lleva a su famosa máxima: “Yo soy yo y mi circunstancia”, que situó siempre en el centro de su filosofía. Consideraba “la falta de interés por parte de nuestros pensadores en la vida humana como una de las grandes deficiencias que para su vergüenza muestra la civilización occidental. Hay que destacar que los textos que poseemos de las culturas más antiguas –los egipcios, los babilonios – consisten en meditaciones sobre esta cuestión. Una literatura llamada “la literatura de la sabiduría”. En el libro de Job, uno de los textos más antiguos del Viejo Testamento, se puede encontrar un ejemplo de esta literatura” ( de su conferencia, “ Sobre el bicentenario de Goethe, Aspen Colorado, 1949).

Permítanme acercarme al tema de mi conferencia “Federalismo y ciudadanía ” con uno de los intelectuales que conoció mejor la obra de Ortega, Thomas Mermall, un judío de los Cárpatos superviviente del Holocausto que se convirtió en un destacado hispanista, como narró en su autobiografía “ Semillas de gracia, memorias de amor, guerra y amistad”. Publicó una magnífica edición crítica de “La Rebelión de las masas“, poniendo el acento en la responsabilidad personal como una cuestión clave para la democracia frente al sujeto que Ortega define como fascista: “un tipo de persona que no se preocupa de dar razones o de tenerla, pero que simplemente está decidido a imponer sus opiniones”.

A la guerra de credos

En el globalizado mundo actual, no debemos resignarnos a aceptar una nueva guerra de credos o choque de civilizaciones. Sin duda, tenemos que librar una penosa y dura batalla contra el yihadismo, una creciente amenaza terrorista inspirada en una visión fanática del Islam. En mi caso, al haber vivido la mayor parte de mi vida política construyendo la democracia bajo el ataque constante de un terrorismo doméstico de locura nacionalista, aprendí que las armas más eficaces son la resiliencia y la perseverancia acompañadas con activas políticas de seguridad. Después, en la escena europea, participé en la construcción de una nueva realidad política que definí como “ la Unión Europea, tejedora de paz” en la Universidad para la paz de la ONU . No creo necesario explicar el sentido de mi intervención en vísperas de este  27 de enero de 2015, fecha en que conmemoramos el 70º Aniversario de la liberación del campo de Auschwitz.

El sistema político europeo

Por primera vez en la historia, los europeos estamos creando un sistema político en el que no nos matamos por razones políticas o religiosas. El resultado se puede explicar de modo conciso: en el debate de la Constitución europea se desarrolló una intensa labor de presión para incluir el cristianismo o Dios en el Tratado. Como presidente del Grupo Socialista del Parlamento Europeo sometí a debate la inclusión de la “invocatio Dei” en el pleno del mismo . La discusión duró menos de 5 minutos entre los mas de 200 miembros provenientes de 27 países y de las creencias más diversas – cristianos de varias iglesias, judíos, musulmanes, budistas, masones, agnósticos… La unanimidad en contra era total.

Dibujo que ilustraba la campaña de las elecciones Europeas del año 1999
Poster elecciones europeas 1999

La razón era doble: compartíamos la convicción de que la libertad de pensamiento, conciencia y religión es un derecho fundamental (consagrado en el artículo 10 de la Carta, vinculante tras el Tratado de Lisboa) y que la UE es laica, de acuerdo con el principio de que el gobierno debe separarse de la religión.

Un decisivo paso adelante tras siglos de fanatismo religioso y guerras intestinas. No obstante, no estamos exentos de contradicciones. Algunas de nuestras monarquías tienen a su monarca como jefe de su Iglesia nacional mientras que algunas repúblicas invocan a Dios en su preámbulo. Como dijo Paul Valeryse puede reconocer el grado de desarrollo de una civilización en la cantidad de contradicciones que es capaz de acumular”.

Por fin, los europeos hemos adoptado claramente este principio de separación entre la religión y el poder consagrado en la 1ª enmienda a la Constitución americana. El primer texto que estableció la ciudadanía como piedra angular del sistema político y el federalismo como su forma de organización.

El segundo elemento fundamental es la consideración de la ciudadanía europea basada en valores comunes como una pieza clave de nuestro compromiso común. Una ciudadanía definida como un “patriotismo constitucional “, no basada en la sangre, la raza o la creencia. Ns costó 40 años ponerla en el centro del sistema institucional. La paradoja es que el texto considerado fundacional de la construcción Europea, la Declaración Schuman de 9 de mayo de 1950, la definía como un “primer paso en la Federación de Europa” aunque no mencionaba la ciudadanía. Fue preciso el fin de la guerra fría para incluirla en el Tratado de Maastricht. Tuve el honor de hacer la propuesta en nombre del Parlamento Europeo.

No es exagerado subrayar la importancia de este paso si consideramos el tiempo y el sufrimiento que tomó la eliminación de los ghettos judíos o hacer las paces entre las diversas confesiones cristianas. El mayor desafío en este momento es integrar la creciente presencia musulmana en Europa. Una mayoría de musulmanes europeos que viven como ciudadanos de una Europa democrática y pluralista profundamente preocupados por combatir una radical identificación del Islam, encarnada en el Califato del Estado Islámico. Sería un error trágico convertir a más de 20 millones de ciudadanos europeos musulmanes en rehenes del radicalismo.

Tuve la oportunidad de debatir la cuestión en unas jornadas organizadas el pasado diciembre en Bruselas por el EMN, European Muslim Network , con musulmanes de 17 países europeos, la mayoría profesores, funcionarios o comerciantes. El tema central fue “Sobre el Estado islámico, el yihadismo y la radicalización” con la lancinante cuestión de los jóvenes de la segunda o tercera generación dispuestos a convertirse en terroristas y suicidarse tras una sangrienta matanza.

La cuestión de la ciudadanía es clave en este sentido. Existe una diferencia sustancial entre el concepto de ciudadanía política basada en valores como el de pertenecer a un comunidad universal definida por la fe religiosa como es el caso de la Umma, considerada como nación de los creyentes del islam. En la misma, cabe una política de tolerancia hacia las minorías, esencialmente judíos y cristianos sujetos al pago de un impuesto especial, la “yizia”. El actual Califato del Estado Islámico es aún más radical en su eliminación de los descreídos. No es un debate solo europeo. El paso más importante es la Constitución de Túnez, sin olvidar la situación en Egipto o las propuestas federales en Iraq, Libia o Pakistán.

Se trata de un desafío global en el mundo globalizado, en la era del federalismo . En la actualidad, la mayoría de las grandes potencias miembros del G20 son Estados federales. Algunos con una sustancial presencia musulmana como India o Rusia. También está Arabia Saudí, regida por una de las visiones más estrictas del Islam. En conjunto, la tendencia general es hacia el fortalecimiento del poder a través de la soberanía compartida y a la vez un proceso de devolución o descentralización buscando una mayor flexibilidad. El federalismo es la mejor respuesta democrática para equilibrar estas fuerzas opuestas, generando un potencial positivo entre diversas entidades y evitando efectos contraproducentes.

La definición de federalismo parte más de la experiencia que de la teoría. Sin duda es más complejo que definir un régimen como monarquía o república. El federalismo no es en sí una creencia o una doctrina, sino un sistema político construido como la unidad en la diversidad, con la voluntad común de compartir un destino bajo el imperio de la ley.

La mejor manera de describirlo es partir de sus principales características. Tras el caso pionero de Suiza, fueron descritas por Madison como miembro de Publius con Hamilton y Jay en El Federalista durante el debate constituyente de los Estados Unidos. La batalla de Nueva York fue el marco de este enfrentamiento dialéctico entre federalistas y antifederalistas en el proceso de ratificación de la Constitución de 1787 que cambió la naturaleza de la Confederación. Sus características esenciales son: voluntad de compartir el destino en una Unión, no centralización, subsidiariedad, territorialidad, constitucionalismo, equilibrio de poderes, autonomía y voluntad de negociar.

En el caso de la Unión Europea, el objetivo declarado de los padres fundadores era la Federación Europea. De hecho, el marco institucional definido en el Tratado de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero ( CECA) diseñaba las líneas maestras de lo que hoy son la Comisión, el Parlamento, el Consejo y el Tribunal de Justicia de la UE. Un largo y laborioso proceso en marcha. El proceso de construcción europeo consiste en avanzar de Tratado en Tratado por medio de crisis como dijo Jean Monnet.

El cambio político en la UE

El paso de la Comunidad a la Unión, tras la caída del muro de Berlín se hizo en el Tratado de Maastricht poniendo como pilares la moneda única y la ciudadanía europea, cuya inclusión fue considerada como un brindis al sol. En realidad, está cambiando el sistema político, como se ha visto en las pasadas elecciones con la conexión entre el voto ciudadano y la elección del Presidente de la Comisión. Ahora los principales retos son: superar la crisis, completar la Unión Económica y monetaria, el federalismo fiscal y consolidar la unión política frente a las tensiones nacionalistas y xenofóbicas.

Europa unida: dibujo combinando en un circulo las estrellas que identifican la UE

El debate federal es intenso en el Reino Unido y España sobre su respectivo futuro, en dos países que tienen desde la Edad Media estructuras políticas federativas. No es de extrañar cuando se ve que la mayor parte de los Estados federales del G20 vienen de tradiciones políticas británicas o ibéricas.

En el caso de España, la actual Constitución de 1978 es la séptima desde la Constitución de Cádiz de 1812 con el accidentado recorrido de dos monarcas expulsados y uno importado, dos repúblicas, varias dictaduras y guerras civiles.

Su balance es el mayor periodo de estabilidad y prosperidad en los dos últimos siglos. Además, ha afirmado la vía española al federalismo al consolidar la democracia y el sistema autonómico diseñado por la 2ª República. Tiene interés recordar que Ortega y Gasset participó activamente como Diputado en 1931 en el debate relacionado con el Estatuto de Cataluña. Definió su posición como crítica hacia el federalismo aunque consideró que la relación con Cataluña era de “conllevarse”, verbo de múltiples acepciones que van desde sufrir a ayudar.

En el fondo, se trata de unir un sistema de gobierno a varios niveles compartido con tolerancia. En este sentido, el federalismo es la mejor respuesta a la tensión entre quedarse o marcharse, el dilema conocido en la doctrina americana como “adivina quien viene a cenar esta noche”. Como diputado constituyente, comparto la tesis de que el actual Estado de las autonomías tiene que dar el paso definitivo federal.

El federalismo en Oriente Medio

Permítanme concluir con algunas reflexiones sobre el federalismo en Oriente Medio. No trato de exportarles una planta exótica. El Prof. Daniel Elazar, una autorizada voz en federalismo y en la tradición política judía, fundador del “Jerusalem Center for Public Affairs” escribió que el primer ensayo federal de la Historia fueron las doce tribus de Israel. La palabra hebrea Brit (Alianza o pacto) es una de las más utilizadas en la Torah. No puedo juzgar de su último significado al no ser un experto en temas bíblicos, pero si puedo afirmar que me siento más cercano a los herederos de Jacob que al Faraón egipcio. Igualmente leí con interés su propuesta “Two Peoples One Land: Federal Solutions for Israel, the Palestinians, and Jordan”. Recientemente, he leido también con atención el resumen ejecutivo del estudio de la Profesora Ruth Gavison de esta Universidad  sobre una evolución de Israel hacia un regimen federal o semifederal basado en cantones.

Como Presidente de la International Yehudi Menuhin Foundation puedo decir que coincido plenamente con lo expresado en su discurso al recibir el premio Wolf en la Knesseth: “la única garantía possible de supervivencia a largo plazo para los judíos en Israel es una possible confederación, siguiendo el modelo suizo”, de culturas vecinas con Jerusalen como capital compartida”.

En mi calidad de Presidente del Parlamento Europeo, ese fue tambien en esencia mi mensaje cuando me dirigí a la Knesseth el mismo día de comienzo de la Conferencia de paz de Madrid en 1991. Hemos podido comprobar desde entonces que no se trata solo de la paz en esta tierra tan cargada de historia y de drama sino de la paz en la nuestra.

Guest post: Enrique Barón Crespo: Federalismo y ciudadanía.

Basado en el texto de la Conferencia de inauguración de la Cátedra Ortega y Gasset del Programa sobre la España contemporánea dirigida por la Prof. Ruth Fine y pronunciada en la Universidad Hebrea de Jerusalem el día 19 de enero de 2015. Acceso al texto de la conferencia en inglés y castellano

Photo credit: Mezquita exterior via photopin (license); Europe united via photopin (license)

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Acerca de Eva Ramón

Directora Centro de Documentación Europea Vocal Instituto Robert Schuman de Estudios Europeos Universidad Francisco de Vitoria www.ufv.es/cde Integrante del Comité Técnico del Archivo Digital España-Unión Europea Consultora freelance

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