Enrique Barón: tradición, diversidad e innovación en la UE a través de la música

Gracias por invitarme a su Congreso en Budapest en la Academia Liszt*, fundada por el gran virtuoso y revolucionario. En Madrid, mi ciudad, hay una placa conmemorativa en la fachada del Museo Thyssen Bornemisza en recuerdo de un concierto de F. Liszt en ese Palacio en octubre de 1844. Normalmente, las placas conmemoran acontecimientos políticos. En este caso, prueba que la Europa musical estaba muy viva y era apreciada ya entonces.

Clave de solEstamos celebrando el XXV Aniversario de la caída del Muro de Berlín. No era solo un muro en Berlín, sino un telón de acero que dividía Europa como una muralla. Permítanme expresar mi reconocimiento a Hungría por el decisivo papel que jugó en el verano de 1989 para abrir esta infranqueable barrera. El 27 de junio, los ministros de Asuntos exteriores de Hungría, Gyula Hörn y Austria, Alois Mock, cortaron la alambrada en un gesto sinfónico.

A través de aquel agujero, los alemanes del Este pudieron pasar al Oeste. En la Nicolai Kirche de Leipzig, el director Kurt Masur puso la mejor música clásica al servicio de la libertad.

Fui elegido Presidente del Parlamento Europeo en verano. Un año después, tuve el honor de dirigirme al Parlamento Húngaro en su impresionante hemiciclo neogótico. El nuevo jefe de Gobierno democráticamente elegido era Joszef Antall , un gran europeo y un luchador por la libertad. Permítanme autocitarme:

“La formación de la Unión política europea es un proceso revolucionario en sí mismo. Los Estados miembros escogen compartir sus soberanía por el bien de todos ellos. El proceso de construcción de una nueva identidad política no es fácil. Cada paso adelante en este camino requiere negociaciones y compromisos racionales de intereses diversos”

Este mensaje no es nostálgico. Es oportuno hoy en día a la luz de la investidura de la Comisión Juncker, proceso que ha representado un gran salto democrático en la Unión Europea con un papel decisivo del Parlamento Europeo. En el mismo, el caso de la atribución de la cartera de cultura, educación, juventud, ciudadanía y Estado de Derecho al Comisario húngaro Sr. Tibor Navrascics es relevante. Necesitó pasar dos audiencias en su Comisión de Cultura en las que fue severamente criticado por los eurodiputados sobre su idoneidad para el cargo por su pasado como Ministro. Para conseguir que pasara, el Presidente Juncker tuvo que retirarle de su responsabilidad la ciudadanía y el Estado de Derecho. Ahora, si visitan su página en el portal de la Comisión Europea, podrán ver que para implementar la partitura completa (Fullscore) que proponen en este Congreso, el Comisario será su interlocutor como gestor de la política cultural. Claramente, bajo la guía y responsabilidad del Presidente Juncker como cabeza de la Comisión.

Sin duda, Budapest es el lugar idóneo para celebrar este Congreso; Tanto el Comisario como el Gobierno que lo propuso tendrán la oportunidad de escuchar su mensaje directamente.

Como anunciaron al presentarme, soy un entusiasta– aunque iletrado- aficionado musical. Espero servirles mejor no pretendiendo ilustrarles sobre la educación musical europea de alto nivel sino reflexionando cómo conseguir mejorar el entrelazamiento entre tradición, diversidad e innovación en este crítico momento de su historia.

El papel de la cultura en el desarrollo de la UE es un tema controvertido, A pesar de que estuvo presente en el pionero Congreso del Movimiento Europeo de 1948 (su Comisión de Cultura fue presidida por Salvador de Madariaga), no fue uno de los pilares fundacionales en el inicio de la construcción europea. Hay una cita muy famosa al respecto de Jean Monnet:

“Si pudiera empezar de nuevo, lo haría por la cultura”.

La cita parece ser apócrifa. No obstante, lo que hizo con los demás padres fundadores fue cultural en el sentido de transformar una cultura de nacionalismo, dominio y guerra profundamente arraigada en otra de valores comunes y destino compartido. Esa fue y sigue siendo la fuerza impulsora principal en el desafío de desarrollar una Unión Europea de la cultura.

Como Presidente del Parlamento Europeo trabajé para introducir la ciudadanía europea y la moneda única en el Tratado de Maastricht como pilares fundamentales que transformaron la entonces Comunidad en la Unión Europea. La cultura fue parte decisiva del paquete como:

“mejora del conocimiento y difusión de la cultura y la historia de los pueblos europeos, la conservación y protección del patrimonio cultural de importancia europea, los intercambios culturales no comerciales y la creación artística y literaria…”

Sobre esta base, trabajé muy activamente con Yehudi Menuhin para elevar el tratamiento de la cultura en los Tratados posteriores hasta el paso dado en el Tratado de Lisboa. Su texto considera como un objetivo de la Unión Europea que “La Unión respetará la riqueza de su diversidad cultural y lingüística y velará por la conservación y el desarrollo del patrimonio cultural europeo”. Nuestro activo más importante es que tenemos, por primera vez en nuestra historia, principios compartidos y valores comunes. Conseguimos la partitura de la sinfonía. Ahora debemos tocarla y conseguir su realización plena, el Fullscore.

A pesar de ser un logro indudable, no es suficiente. La cultura no debe ser solo construir museos o auditorios. A lo largo y ancho de la Unión Europea, sus quinientos millones de ciudadanos viven cotidianamente con expresiones de arte y música. Muchos cantan en coros, actúan en grupos folclóricos, orquestas de aficionados o bandas de rock. Desde el más pequeño pueblo a la mayor de las capitales, una fiesta sin música es impensable. Tenemos que saber transformar este potencial en una fuerza activa de búsqueda de armonía siguiendo el consejo del gran compositor y pedagogo musical húngaro Zoltan Kodaly:

“es más importantes quien es el maestro de música en un pueblo que un director de orquesta en la ciudad”

En los últimos años, el debate público se ha centrado de modo casi exclusivo en la adoración del becerro de oro, el dinero, no en hacer una sociedad más humana y equilibrada a partir de principios éticos. Ya lo predijo Keynes, también conocedor y empresario artístico, hace ochenta años. Nos hemos dedicado a salvar un capitalismo de casino responsable de desencadenar la crisis a través de una especulación financiera irresponsable con políticas que rompieron la solidaridad y la igualdad entre los europeos. Hemos vuelto la cara a una Unión Europea que obtuvo el Premio Nobel de la Paz en 2012 por traer paz y democracia al continente tras siglos de guerras intestinas. Como Kafka describió con acierto, ese trataba de la máscara de una máquina infernal –Höllenmaschine- inalcanzable para la ciudadanía.

La cultura no es un adorno, es un sector clave de toda economía desarrollada y equilibrada. La Educación superior musical europea es uno de nuestros mayores activos en un mundo globalizado. Miren lo que Abreu ha conseguido con “El Sistema” para el desarrollo social y cultural de Venezuela empleando nuestros métodos. Más aún, los derechos de propiedad intelectual y copia son cuestiones fundamentales para los músicos cuna de cuyos mayores desafíos es como sobrevivir y adaptarse al mundo de internet que no puede ser el fin de las reglas protectoras de la creación cultural. No podemos aceptar un futuro dominado por robots tocando un inacabable karaoke con toda la creación musical de la historia pero sin seres humanos creando e interpretando música.

Permítanme referirme al balance de su programa Polifonía. Polifonía es una dimensión de la Sinfonía, que junto a la ópera es la mayor creación artística musical en la historia. Imagínense mi sorpresa cuando al llegar al Parlamento Europeo, oí a los colegas griegos hablar reiteradamente de Sinfonía en sus discursos políticos aunque no entendiera la razón. Cuando los hispanohablantes escuchamos un discurso en griego, tenemos la sensación de que nos hablan en nuestra lengua aunque no entendemos el significado salvo cuando se mencionan palabras como sinfonía, armonía, crisis o caos. La razón es que nuestra fonética, la música del idioma, es casi la misma entre el español y el griego.

El hecho es que sinfonía como “acuerdo” es una palabra clave tanto en política como en música para los griegos. La pregunta es en qué sentido se usó antes ¿en el político o en el musical? En este contexto, polifonía es una sinfonía con varias voces. La Unión Europea puede ser considerada como una polifonía, expresada en su himno no oficial, las Novena Sinfonía de Beethoven, degradada después de ser consagrada en el Tratado Constitucional. A pesar de ello, cuando la polifónica Oda a la Alegría resonó en la ceremonia de la firma del Tratado de Lisboa, todos los líderes se pusieron en pie firmes como muestra de respeto.

Política y música comparten también la búsqueda de armonía y orden a través de la creación. En ambos casos, el origen es la desarmonía, un caos no estructurado que puede llevar a algo armónico si es correctamente ordenado. Piensen en una orquesta al iniciar el ensayo; hay una mezcla caótica de instrumentos hasta la llegada del Director. La diferencia básica es que la armonía se consigue en la música siguiendo la partitura (score). En política, la referencia es el programa, pero la pieza se desarrolla improvisando sin ensayo previo.

Esta es la razón por la que los griegos clásicos consideraban las artes tan importantes para la educación, la “paideia”. Actualmente, la progresiva desaparición de las artes y las humanidades en la escuela es uno de los aspectos más preocupantes de los programas educativos en muchos países. La enseñanza por y a través de las artes no es una vía para escapar de la realidad sino una parte fundamental de una buena educación de ciudadanos responsables, uno de los instrumentos más valiosos para comprender y transformar la realidad de un modo fructífero. La admirable iniciativa del West Eatern Divan, creada por Daniel Barenboim y Edward Said, una experiencia de jóvenes músicos judíos, árabes y europeos ensayando en Andalucía, la tierra donde gentes de las tres religiones del libro vivieron juntos, muestra la fuerza política de la música para la paz y la reconciliación.

Hacerse músico requiere un aprendizaje a tiempo completo, con dedicación y disciplina. En política el carisma, el oportunismo y la fortuna juegan un papel mayor. No obstante, la interpretación musical es una responsabilidad compartida como la implementación de políticas acertadas y sensatas. El contenido de los estudios musicales en el tercer nivel ha de tomar en consideración que cada músico es, en cierto modo, también un embajador importante en todas las dimensiones de la sociedad. Uno de los grandes intérpretes que vivió con más autenticidad esta importante tarea fue Yehudi Menuhin.

Nacido en Estados Unidos de origen ruso, fue un europeo de opción, ciudadano del mundo e infatigable luchador por la libertad. Bela Bartok compuso para él una maravillosa sonata para solo violín. Tocó en los Conciertos de creación de la ONU en San Francisco de 1945 y de la UNESCO y la Declaraciòn Universal de Derechos Humanos en Paris en 1948. Las dos más bellas sinfonías de la Humanidad en el triste y breve siglo XX, del que podemos sacar lecciones a pesar de todo.

Yehudi Menuhin siempre apreció la música tradicional y la de minorías como los gitanos; tocó con Ravi Shankar, Duke Ellington y muchos otros. Para él, todas las expresiones musicales y artísticas en un sentido global eran fuente de valores compartidos con otras culturas.

Para potenciar estos valores creó la International Yehudi Menuhin Foundation (IYMF) en Bruselas para mejorar la formación infantil a través de las artes en la escuela. El programa Mus-E, desarrollado siguiendo la filosofía de Zoltan Kodaly, promueve intercambios artísticos, anima a la expresión y representación de identidades culturales – en especial, las amenazadas- y eventos. Iniciado hace 20 años con el cello y ex Director del Conservatorio de Berna Werner Schmitt y la escritora Marianne Poncelet. Ha hecho posible que más de un millón de niños europeos hayan participado en el desarrollo, según Menuhin, de su:

“autoestima, autoconciencia en el sentido más amplio, comunicando lo que vemos de nosotros mismos y los demás y lo que ellos ven de nosotros. El artista auto-dialoga consigo mismo en un constante ejercicio de ajuste, corrección y reequilibrio”.

Mus-E se ha convertido en mi oportunidad más interesante de unir música y política. La IYMF coordina Mus-E en trece países (10 de la UE, Suiza, Liechtenstein e Israel), da trabajo a 1.000 artistas y llega a 60.000 niños en 450 escuelas cada año.

Los artistas que trabajan en el programa Mus-E son conscientes de que su talento no solo tiene valor en el mundo de los concursos, festivales y grandes conciertos. Tiene el valor de interpretar en un aula escolar de primaria con un grupo multiétnico, añadiendo al trabajo del maestro el “fuego y entusiasmo” que solo el arte puede aportar.

Los conservatorios y escuelas de música deberían tomar en consideración que hay un enorme potencial de trabajo para artistas jóvenes de ampliar futuras audiencias en conciertos, teatros, exposiciones artísticas e incluso en hospitales, como hace “Música en vena”. El que artistas de toda Europa y de todo el mundo compartan sus experiencias con programas de intercambio es una prometedora vía de futuro.

Al considerar el futuro de la red Erasmus, han mencionado que fui un activo miembro de la conspiración que llevó al lanzamiento del programa en 1987. No fue fácil, debido a la resistencia de algunos Estados que no ha desaparecido aún del todo. El argumento más directo que utilicé en la Comisión de Presupuestos del Parlamento Europeo fue: “es mejor invertir en jóvenes que en vacas”. El balance es la más exitosa inversión educativa europea con más de tres millones de jóvenes y trescientos mil profesores. En este contexto, la formación musical es la red más natural y universal.

Recientemente, la ciudadanía europea ha expresado su indignación a la vez que de modo mayoritario su voluntad de continuar en la tarea de construir una Europa más unida. En algunos países, el ascenso de fuerzas populistas revela sentimientos encontrados de temor y a la vez de retorno a un pasado imaginario en el que cada uno toca en su rincón sintiéndose víctima. Felizmente, la corriente mayoritaria de tres cuartos del electorado sigue comprometida con el proyecto de una Polifonía europea. Para mí, el mensaje clave es el refuerzo de la autoconfianza y la solidaridad, transformando la desconfianza en el vecino en una positiva fuerza democrática. Por estas razones, el mensaje de la música es tan importante. Es el valor añadido de este Congreso y de todos los eventos que podamos lanzar juntos, como la experiencia del Mus-E.

Un siglo después del comienzo de la Gran Guerra, podemos concordar con Yehudi Menuhin que:

“no puede haber arte auténtico bajo las bombas, el hambre o la tortura”

Nuestra misión y responsabilidad compartida es trabajar juntos para unir música y política de modo sinfónico. Nuestra mejor sinfonía será una Europa unida en un mundo democrático.

Guest Post: Enrique Barón, Hacia una agenda europea por la música.

* "Hacia una agenda europea por la música: Como la música y la cultura refuerzan los valores europeos de tradición, diversidad e innovación." Discurso pronunciado en la Association Européenne des Conservatoires, Académies de Musique et Musikhochschulen (AEC) Congress.
Liszt Academy of Music, Budapest, 14-15 Octubre 2014 por  Enrique Barón Crespo Presidente de la International Yehudi Menuhin Foundation, ex Presidente del Parlamento Europeo

photo credit: Fotografik33 via photopin cc

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Acerca de Eva Ramón

Directora Centro de Documentación Europea Vocal Instituto Robert Schuman de Estudios Europeos Universidad Francisco de Vitoria www.ufv.es/cde Integrante del Comité Técnico del Archivo Digital España-Unión Europea Consultora freelance